El rincon del cafè y tè

Las cosas y su aspecto

Sentado al borde del camino, un anciano sabio comía su arroz con los dedos. Un hombre muy rico que pasaba por allí se indignó:

— ¡Mirad a ese viejo! Dicen que es el sabio más grande de la provincia y está comiendo con los dedos. ¡Qué horror! Nunca lo invitaré a mi casa.

Cinco minutos después, apareció una elegan¬te comitiva escoltada por tres guardias que acom¬pañaban a pasear a dos damas.

— Oh — dijo una de ellas —, ¿no es ése el sabio del jardín de los ciruelos?

— Sí, es él — repuso la otra. — No le basta con ser un patán, sino que además es muy sucio.

Nunca lo recibiremos en nuestra casa.

Al día siguiente, el rey de la provincia organi¬zaba una gran recepción para celebrar el equi-noccio e invitó al sabio. También estaban invita¬dos el hombre rico y las dos damas. El sabio, en el lugar de honor, comía con palillos y su ropa estaba inmaculada. El hombre rico no pudo contenerse y le pre¬guntó:

— ¿Cómo puedes comer un día con los dedos y otro, según las normas y las costumbres?

— ¡Oh!, es muy sencillo. No me aferro a las costumbres y me adapto al lugar donde me encuentro. Si estoy sentado bajo un árbol, me gusta comer con los dedos. Nadie me ve, aparte de los que pasan y me juzgan. Si se me invita, me acomodo a las costumbres de mi anfitrión.
El hombre meneó la cabeza.

— Yo no podría actuar de esa manera. He de comer siempre con palillos.

— Entonces, nunca verás más que un aspecto de las cosas — dijo el sabio —. Antes de vestir tu cuerpo de blanco, ilumina tu alma.

Cuento taoísta


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